Tuesday, August 30, 2011

Los Principios del Arrepentimiento

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El presidente Spencer W. Kimball declaró: “No hay ningún camino real al arrepentimiento, ninguna senda privilegiada que conduzca al perdón. Todo hombre debe seguir el mismo curso, sea rico o pobre, educado o sin preparación, alto o bajo, príncipe o limosnero, rey o plebeyo” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 42; cursiva del original).
Hay Pasos del Arrepentimiento, estos son ellos.

#1-Debemos reconocer nuestros pecados
A fin de arrepentirnos, debemos admitir que hemos pecado. Si no lo hacemos, no podemos arrepentirnos.
Alma aconsejó a su hijo Coriantón, el cual no había sido fiel durante su llamamiento misional y había cometido graves pecados: “…deja que te preocupen tus pecados, con esa zozobra que te conducirá al arrepentimiento… No trates de excusarte en lo más mínimo a causa de tus pecados…” (Alma 42:29–30). Las Escrituras nos amonestan a no justificar nuestras prácticas pecaminosas (véase Lucas 16:15–16).
Es imposible que escondamos de nosotros mismos o del Señor ningún hecho de nuestra vida.

#2-Debemos sentir pesar por nuestros pecados

Además de reconocer nuestros pecados, debemos sentir un verdadero pesar por lo que hemos hecho; debemos sentir que nuestros pecados son algo aterrador. Debemos sentir el deseo de deshacernos de ellos y de abandonarlos. En las Escrituras leemos: “…Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse, y vengan con corazones quebrantados y con espíritus contritos, y… se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados… serán recibidos en su iglesia por el bautismo” (D. y C. 20:37).
#3-Debemos abandonar nuestros pecados
Nuestro pesar sincero debe conducirnos a abandonar nuestros pecados. Si hemos robado algo, no robaremos nunca más; si hemos mentido, dejaremos de mentir; si hemos cometido adulterio, dejaremos de hacerlo. El Señor le reveló al profeta José Smith: “Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará” (D. y C. 58:43).

#4-Debemos confesar nuestros pecados
El confesar nuestros pecados es muy importante. El Señor nos ha mandado confesar nuestros pecados, ya que la confesión libra al pecador de una pesada carga. El Señor nos ha prometido: “…yo, el Señor, perdono los pecados y soy misericordioso con aquellos que los confiesan con corazones humildes” (D. y C. 61:2).
Debemos confesar todos nuestros pecados al Señor. Además, debemos confesar a la autoridad apropiada del sacerdocio los pecados graves, como el adulterio, la fornicación, las relaciones homosexuales, el maltrato o el abuso infantil o conyugal y la venta o consumo de drogas ilícitas, todo lo cual puede afectar nuestra condición de miembros de la Iglesia. Si hemos pecado en perjuicio de otra persona, debemos confesarlo a la persona que hemos hecho daño con nuestro pecado. Algunos pecados de menos seriedad, que sólo nos incumben a nosotros y al Señor, podemos confesárselos a Él en forma privada.

#5-Debemos restituir el daño
Parte del arrepentimiento es restituir el daño cometido. Ello significa que debemos tratar de reparar en lo posible el mal que hemos causado. Por ejemplo, un ladrón debe devolver lo que ha robado; una persona mentirosa debe dar a conocer la verdad; alguien que haya difamado a otra persona debe esforzarse por restaurar el buen nombre de la persona que ha perjudicado. Al hacer eso, Dios no mencionará nuestros pecados cuando seamos juzgados (véase Ezequiel 33:15–16).

#6-Debemos perdonar a los demás
Una parte vital del arrepentimiento es la de perdonar a los demás por los pecados que hayan cometido contra nosotros. El Señor no nos perdonará a menos que nuestro corazón se encuentre perfectamente limpio de cualquier odio, rencor o sentimiento malo en contra de otras personas (véase 3 Nefi 13:14–15). “Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado” (D. y C. 64:9).

#7-Debemos guardar los mandamientos de Dios
Para que nuestro arrepentimiento sea total, debemos guardar los mandamientos del Señor (véase D. y C. 1:32). No nos hemos arrepentido por completo si no pagamos los diezmos, si no guardamos el día de reposo o si no obedecemos la Palabra de Sabiduría. No estamos arrepentidos si no sostenemos a las autoridades de la Iglesia, y si no amamos al Señor ni a nuestros semejantes. Si no oramos ni somos bondadosos con los demás, es seguro de que no estamos arrepentidos. Cuando nos arrepentimos, nuestra vida cambia.
El presidente Kimball dijo: “Primero, uno se arrepiente. Habiendo logrado ese paso, debe entonces vivir de acuerdo con los mandamientos del Señor para retener esa ventaja. Esto es necesario para lograr el perdón completo” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, pág. 48).

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